Con el resurgimiento de medios analógicos como los discos de vinilo y los casetes, también reapareció un debate de décadas en la comunidad del audio: “¿Qué es mejor en realidad: analógico o digital?”

Según la Audio Engineering Society (AES), el audio analógico se define como una señal eléctrica continua que actúa como una réplica física de las ondas sonoras. El audio digital, en comparación, se define como una serie de valores numéricos creados al muestrear y cuantificar una señal analógica en código binario. Dicho simple, el sonido analógico se representa en una forma o un medio físico (discos y cintas), mientras que en digital es sonido representado en 1 y 0. Mientras algunos juran por las virtudes de una señal analógica, otros sostienen que no hay diferencia.

Creemos que la verdadera conversación sobre el “audio digital vs. analógico” no debería ser qué formato es superior, sino cuánto del original sobrevive desde la fuente hasta el driver de tu dispositivo a lo largo de toda la cadena de procesamiento de sonido. Hoy en día, todas las grabaciones tienen que pasar por múltiples capas de decodificación y procesamiento antes de llegar al oyente. La señal resultante llega a la fase final de conversión digital a analógica (DAC), que permite que tus audífonos in-ear, tus audífonos de diadema o tus bocinas proyecten el sonido que terminas escuchando. Todo el audio moderno es digital hasta que finalmente deja de serlo.

Si todo empieza como datos, ¿qué factores determinan si esos datos llegan intactos a nuestros oídos o terminan degradados? ¿Y en qué punto de ese largo viaje de lo digital a lo analógico empieza realmente a perderse la fidelidad?

Los medios modernos son puros datos

Aunque es cierto que los medios analógicos están teniendo algo de regreso, nos guste o no, los medios de hoy son digitales primero. La música, las películas y tus series favoritas se masterizan primero con la máxima fidelidad y luego se exportan a una variedad de formatos.

El archivo principal sin pérdida se comprime en formatos con distintos niveles de calidad, desde los más altos, que incluyen discos Blu-ray y CD, hasta formatos digitales que equilibran un menor tamaño de archivo con la mayor calidad razonable, óptimos para las plataformas de streaming. En los videojuegos, todo se renderiza en tiempo real desde el motor del juego, lo que permite la señal más pura y deja que los gamers experimenten el mejor audio espacial posible en los juegos.

Sin importar si escuchas un archivo publicado o audio renderizado de forma dinámica en tiempo real, todo tiene que pasar por un último paso: la conversión de esos datos digitales en voltios analógicos que lee el driver de tus audífonos, que es el trabajo del DAC. El foco de los DAC más básicos es ofrecer un audio claro y sin siseo. Pero en la era del audio espacial, preservar la fidelidad de esa señal para ofrecer los escenarios sonoros totalmente 3D que pensó el creador se ha vuelto más importante que nunca.

Preservar la fidelidad tiene sus propios desafíos

Cada capa de la cadena de procesamiento de sonido abre una oportunidad para que la señal original se debilite o se comprometa. Una conversión digital-analógica deficiente puede emborronar el detalle y dar como resultado un audio turbio. 

En general, ese nivel de compresión puede aplanar el espacio entre capas y dar un escenario sonoro mucho más pequeño y menos dinámico. Al ver series o películas, o al escuchar música, los sonidos aplanados provocan una pérdida general de calidad que lleva a más fatiga y otras molestias. En el gaming, tu capacidad de percibir pistas dimensionales dentro del juego se reduce muchísimo. 

El sonido resultante puede ser funcional, pero se reducen las sutilezas y los matices que dan una mejor conciencia espacial y, con ellos, se va la profundidad y el realismo que le dan más dimensión y disfrute a todo el contenido.

El error común que comete la gente es asumir que la calidad de sonido solo importa en los extremos: o eres un gamer que busca la mayor ventaja táctica competitiva, o eres un audiófilo o cinéfilo que persigue las resoluciones más altas posibles. En realidad, es fundamental preservar la señal de origen lo mejor posible hasta que llegue al final de la cadena de procesamiento de sonido, en todos los casos de escucha.

Convertir datos en movimiento

Por rápidos y sin pérdida que hayamos diseñado nuestros protocolos inalámbricos, el cable suele ofrecer un camino más despejado y directo de lo digital a lo analógico. De ahí nuestra vuelta al mundo del cable con SANWEAR-HARDWIRE y la inclusión de un DAC avanzado en el Audio Cortex.

Menos capas de transmisión significan menos oportunidades de interferencias y de cambios en la codificación, la decodificación y la latencia. Los sistemas inalámbricos suman al menos una capa más de procesamiento antes de esa última conversión de digital a analógico. Porque una vez que la señal digital cruza al mundo analógico del driver, ahí termina el recorrido: todo lo que escuchas ya quedó definido antes.

Por eso hicimos que el Audio Cortex sea central en la arquitectura de SANWEAR-HARDWIRE. Es la garantía, tuya y nuestra, de que las señales de sonido se pueden procesar de la forma más limpia y eficaz posible. Al controlar los componentes exactos que entran en la cadena de procesamiento de sonido, tanto a nivel de hardware como de software, podemos ofrecer una fidelidad espacial premium sin recurrir a algoritmos de posprocesamiento que interfieren con la capacidad del driver de rendir a niveles óptimos.

Todo el audio de hoy es digital hasta que finalmente deja de serlo. Muchas veces, las cosas que hacen grande a un sonido, su sensación de espacio y la realidad que despierta nuestras emociones más profundas, ya no dependen del medio que elegimos, sino de cuánta fidelidad podemos preservar. 

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